Un viaje a la boda

La semana pasada, después de reservar uno de los vuelos Interjet que encontré en oferta, volé a Puerto Vallarta  para ir a la boda de un buen amigo mío, una de esas bodas que duran tres días y donde se organizan varias actividades para celebrar a los novios y entretener a los invitados; una de esas bodas donde uno sabe que el regreso a casa, especialmente el avión, será una verdadera pesadilla.

Decidimos mi esposa y yo viajar del aeropuerto de Toluca, ya que aunque está en otra ciudad, muchas veces se hace menos tiempo al llegar ahí que yendo al aeropuerto de la Ciudad de México, donde uno puede hacer tres horas y, por supuesto, arriesgarse a perder el vuelo, algo particularmente estresante cuando uno viaja fuera de México.

Otra razón por la cual decidimos ir por el aeropuerto de Toluca y no por el AICM es debido a la naturaleza del camino, ya que el camino hacia al aeropuerto de Toluca es verdaderamente hermoso, debido a que uno pasa por mucho bosque y montañas que nos transportan a otro lugar, mientras que el camino hacia el AICM, es decir, el Periférico, es probablemente de los caminos más feos y deprimentes, así como enfermizo, donde todo es gris y una masa enorme de contaminantes amuralla esa parte de la ciudad.

La única situación parcialmente adversa que conlleva el utilizar el aeropuerto de Toluca, sobre todo para mi esposa, es el hecho de que el avión se mueve más que al salir del AICM, debido a la naturaleza de los vientos de aquella zona, algo particularmente  estresante cuando uno padece de una mala resaca como consecuencia de una serie de noches de locura.

Al llegar a Puerto Vallarta, nos percatamos de que nuestro hotel se encontraba algo lejos de ahí, por lo que habríamos de tomar un automóvil para llegar, un servicio que resulta que cuesta no menos de 2 mil pesos, tan solo de ida y la misma cantidad al tomar el regreso, un imprevisto algo incómodo para todos aquellos quienes son agarrados de sorpresa; no obstante, ya que uno está ahí, hay poco que se pueda hacer.

El camino es bastante agradable, ya que uno cruza a través de paisajes muy interesantes, típicos de los lugares tropicales, donde todo se encuentra tapizado de palmeras y espesas selvas no aptas para los hombres, ya que ahí se encuentran varias especies de animales y plantas, que pueden poner fácilmente en peligro la vida.

Si bien pensábamos que nuestro hotel estaba “un poco retirado”, nunca pensamos que se encontraba a una hora cuarenta minutos del aeropuerto y 20 minutos dentro de una selva de la cual es imposible salir sin la ayuda de un local experto en aquellos caminos.

Los eventos de la boda estuvieron muy divertidos, pero nada me dio más gusto que el ver a mi gran amigo tan feliz.

El regreso fue toda una Odisea.

La semana pasada, después de reservar uno de los vuelos Interjet que encontré en oferta, volé a Puerto Vallarta  para ir a la boda de un buen amigo mío, una de esas bodas que duran tres días y donde se organizan varias actividades para celebrar a los novios y entretener a los invitados; una de esas bodas donde uno sabe que el regreso a casa, especialmente el avión, será una verdadera pesadilla.

Decidimos mi esposa y yo viajar del aeropuerto de Toluca, ya que aunque está en otra ciudad, muchas veces se hace menos tiempo al llegar ahí que yendo al aeropuerto de la Ciudad de México, donde uno puede hacer tres horas y, por supuesto, arriesgarse a perder el vuelo, algo particularmente estresante cuando uno viaja fuera de México.

Otra razón por la cual decidimos ir por el aeropuerto de Toluca y no por el AICM es debido a la naturaleza del camino, ya que el camino hacia al aeropuerto de Toluca es verdaderamente hermoso, debido a que uno pasa por mucho bosque y montañas que nos transportan a otro lugar, mientras que el camino hacia el AICM, es decir, el Periférico, es probablemente de los caminos más feos y deprimentes, así como enfermizo, donde todo es gris y una masa enorme de contaminantes amuralla esa parte de la ciudad.

La única situación parcialmente adversa que conlleva el utilizar el aeropuerto de Toluca, sobre todo para mi esposa, es el hecho de que el avión se mueve más que al salir del AICM, debido a la naturaleza de los vientos de aquella zona, algo particularmente  estresante cuando uno padece de una mala resaca como consecuencia de una serie de noches de locura.

Al llegar a Puerto Vallarta, nos percatamos de que nuestro hotel se encontraba algo lejos de ahí, por lo que habríamos de tomar un automóvil para llegar, un servicio que resulta que cuesta no menos de 2 mil pesos, tan solo de ida y la misma cantidad al tomar el regreso, un imprevisto algo incómodo para todos aquellos quienes son agarrados de sorpresa; no obstante, ya que uno está ahí, hay poco que se pueda hacer.

El camino es bastante agradable, ya que uno cruza a través de paisajes muy interesantes, típicos de los lugares tropicales, donde todo se encuentra tapizado de palmeras y espesas selvas no aptas para los hombres, ya que ahí se encuentran varias especies de animales y plantas, que pueden poner fácilmente en peligro la vida.

Si bien pensábamos que nuestro hotel estaba “un poco retirado”, nunca pensamos que se encontraba a una hora cuarenta minutos del aeropuerto y 20 minutos dentro de una selva de la cual es imposible salir sin la ayuda de un local experto en aquellos caminos.

Los eventos de la boda estuvieron muy divertidos, pero nada me dio más gusto que el ver a mi gran amigo tan feliz.

El regreso fue toda una Odisea.