El día que mi padre me hizo mi disfraz de Halloween

Seguramente han visto imágenes chistosas donde los disfraces para los festivales infantiles le quedan mejor a las madres que a los padres, y si bien es cierto la gran mayoría de las veces, yo tengo una historia en que mi viejo se rifó como los más grandes de la cumbia. Mi mamá tuvo que salir de la ciudad por un viaje de negocios y dejó a mi padre encargado de mi cuidado. Fue en ese entonces que tuve que recurrir a él para pedirle que me hiciera un disfraz para Halloween, pues como buen niño mexicano, se lo dije una noche antes de que lo necesitara. Hay niños que sólo les gusta ver el mundo arder.

El pánico se apoderó de mi padre, le dije que si bien era para un concurso de disfraces no me interesaba ganar, sólo quería cumplir, así que le daba permiso de hacer un fantasma con sábanas o con lo que encontrara, algo muy equis. Después de meditarlo unos segundos, mi padre blandeó los labios para formar una sonrisa de oreja a oreja, fue como si un foco se encendiera sobre su cabeza, sólo le faltó gritar ‘Eureka’. Se dirigió a la bodega que tenemos y sacó un par de máquinas de coser que mi madre guardaba pues habían sido de la abuela. La llevó a la casa y probó si funcionaban, fue lo último que lo vi hacer antes de ir a dormir, rezando porque cumpliera su promesa de aunque sea convertirme en un fantasma.

Al día siguiente mi padre me levantó y me llevó al comedor a desayunar su especialidad, cereal con leche y plátano. Una delicia porque él sabía que me gustaba remojado y cuando llegué parecía avena de lo aguado que estaba. ¡Delicioso! La leche ya había absorbido el azúcar y era una joya. Me fui a lavar los dientes y mi padre me gritó que mi disfraz ya estaba en mi habitación, cuando llegué  a mi cuarto había un gancho colgado con una sábana, sin agujeros. ¿Cómo se supone que iba a ver? Así que enojado jalé la sabana y debajo de ella estaba el mejor disfraz del mundo. ¡Iba a ser Batman… zombi!

No sé cómo le hizo mi papá para hacer la máscara, la capa, los pantalones, la playera y el escudo tan bien hecho, bueno para mí fue un esfuerzo brutal, sólo que le hacía falta algo. Le dije que si le podía escribir una frase en la capa para que todos la vieran. Me respondió que Batman no usa frases en la capa y menos de zombi, le dije que era necesario. Contra su voluntad aceptó y me dio un plumón rojo con el que escribí: Hecho por mi papá. Sus ojos se llenaron de lágrimas y me acompañó al hospital.

Todos mis amigos estaban emocionados por la sangre que se veía en el traje rasgado, la máscara un poco rota y el escudo del Caballero de la noche. Además gané el primer lugar, supongo que fue el esfuerzo hecho por mi papá y el letrero con el que les presumí a todos quién fue el creador de esta obra de arte. Ha sido el mejor disfraz de toda mi vida.

Seguramente han visto imágenes chistosas donde los disfraces para los festivales infantiles le quedan mejor a las madres que a los padres, y si bien es cierto la gran mayoría de las veces, yo tengo una historia en que mi viejo se rifó como los más grandes de la cumbia. Mi mamá tuvo que salir de la ciudad por un viaje de negocios y dejó a mi padre encargado de mi cuidado. Fue en ese entonces que tuve que recurrir a él para pedirle que me hiciera un disfraz para Halloween, pues como buen niño mexicano, se lo dije una noche antes de que lo necesitara. Hay niños que sólo les gusta ver el mundo arder.

El pánico se apoderó de mi padre, le dije que si bien era para un concurso de disfraces no me interesaba ganar, sólo quería cumplir, así que le daba permiso de hacer un fantasma con sábanas o con lo que encontrara, algo muy equis. Después de meditarlo unos segundos, mi padre blandeó los labios para formar una sonrisa de oreja a oreja, fue como si un foco se encendiera sobre su cabeza, sólo le faltó gritar ‘Eureka’. Se dirigió a la bodega que tenemos y sacó un par de máquinas de coser que mi madre guardaba pues habían sido de la abuela. La llevó a la casa y probó si funcionaban, fue lo último que lo vi hacer antes de ir a dormir, rezando porque cumpliera su promesa de aunque sea convertirme en un fantasma.

Al día siguiente mi padre me levantó y me llevó al comedor a desayunar su especialidad, cereal con leche y plátano. Una delicia porque él sabía que me gustaba remojado y cuando llegué parecía avena de lo aguado que estaba. ¡Delicioso! La leche ya había absorbido el azúcar y era una joya. Me fui a lavar los dientes y mi padre me gritó que mi disfraz ya estaba en mi habitación, cuando llegué  a mi cuarto había un gancho colgado con una sábana, sin agujeros. ¿Cómo se supone que iba a ver? Así que enojado jalé la sabana y debajo de ella estaba el mejor disfraz del mundo. ¡Iba a ser Batman… zombi!

No sé cómo le hizo mi papá para hacer la máscara, la capa, los pantalones, la playera y el escudo tan bien hecho, bueno para mí fue un esfuerzo brutal, sólo que le hacía falta algo. Le dije que si le podía escribir una frase en la capa para que todos la vieran. Me respondió que Batman no usa frases en la capa y menos de zombi, le dije que era necesario. Contra su voluntad aceptó y me dio un plumón rojo con el que escribí: Hecho por mi papá. Sus ojos se llenaron de lágrimas y me acompañó al hospital.

Todos mis amigos estaban emocionados por la sangre que se veía en el traje rasgado, la máscara un poco rota y el escudo del Caballero de la noche. Además gané el primer lugar, supongo que fue el esfuerzo hecho por mi papá y el letrero con el que les presumí a todos quién fue el creador de esta obra de arte. Ha sido el mejor disfraz de toda mi vida.